La crisis de los Proyectos Culturales en República Dominicana: Un Desajuste entre Pasión y Estrategia
- Make It Green
- Dec 19, 2025
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La cultura en República Dominicana enfrenta una paradoja crítica que limita su desarrollo y sostenibilidad a largo plazo. Muchos de los proyectos culturales nacen desde la pasión, pero carecen de la preparación profesional necesaria para convertirse en industrias, marcas o motores de cambio social.

Esto se debe a un fenómeno ampliamente extendido: la mayoría de los gestores culturales en el país no cuentan con una formación adecuada en áreas clave como la comunicación estratégica ni en la estructuración de proyectos a largo plazo. El resultado es que la cultura, en lugar de ser un sector económico y simbólico fuerte, sigue siendo vista como una mera actividad ornamental sin el respaldo de una infraestructura sólida.
La Cultura Como Ornamento, No Como Poder.
Uno de los errores más comunes entre los gestores culturales en República Dominicana es tratar la cultura como si fuera algo decorativo: poesía, danza, teatro, exposiciones… Actividades estéticas, emocionales, pero desconectadas de su potencial como industria.
El problema de muchos gestores culturales es que ingresan al sector más por pasión que por formación. La pasión es un gran motor, pero sin un enfoque profesional, los proyectos culturales tienden a ser efímeros y poco sostenibles. En lugar de construir una estructura sólida, se hacen eventos puntuales, sin un plan financiero claro, sin una estrategia de comunicación y sin una base de audiencia definida.
Este enfoque reactivo e improvisado contribuye a que muchos proyectos mueran tan rápido como nacen. Un evento se organiza, genera emoción y luego se apaga. Al año siguiente, se repite el ciclo, sin que se construya una comunidad o un ecosistema que permita la continuidad de la propuesta cultural.
La Cultura Como Comunicación Estratégica.
La falta de una estrategia comunicacional es otro de los grandes problemas de los proyectos culturales en el país. La comunicación cultural en República Dominicana está estancada: muchos gestores no estudian el comportamiento del público ni hablan el lenguaje de la época. El uso de carteles, flyers y notas de prensa sigue predominando, pero estas herramientas son cada vez menos efectivas. La cultura necesita una comunicación adaptada a las plataformas actuales, que no solo produzca, sino que también segmenta y conecte con diferentes públicos.
En un mundo donde las redes sociales y la digitalización juegan un papel protagónico, los proyectos culturales no pueden permitirse seguir utilizando estrategias de comunicación obsoletas. Sin una narrativa coherente y una estrategia de visibilidad, los esfuerzos culturales quedan relegados al olvido.
El Componente Simbólico Ignorado.
República Dominicana es un país con un profundo componente simbólico. Los dominicanos valoran su identidad y se sienten orgullosos de su cultura, pero pocos proyectos culturales logran conectar con ese sentir popular. Los gestores culturales, en su mayoría, no explotan arquetipos, mitos y narrativas identitarias que podrían darle a los proyectos una mayor carga emocional y de pertenencia.
Sin un mito fundador, no se puede crear una comunidad que impulse el proyecto. Y sin comunidad, no hay impacto. Sin impacto, no hay continuidad. El componente simbólico debería ser un pilar en cualquier propuesta cultural, pero en lugar de eso, se ignora o se deja de lado.
Por esto, al sol de hoy, quienes producen y generan identidad y proyección cultural de peso son las élites, pues suelen crear propuestas para un público segmentado y específico, mientras que el pueblo consume otro tipo cultura, la que vive en las calles, en la música popular, en las fiestas, sin estructura, organización o procesos establecidos para perdurar. Como resultado, la cultura institucionalizada se siente vacía, elitista y desconectada de la realidad de las mayorías.
Los gestores culturales muchas veces fracasan porque se dirigen a un público que no está interesado en lo que tienen para ofrecer. Hablan en un lenguaje académico o institucional que no resuena con las experiencias cotidianas de la mayoría. El verdadero desafío es lograr una conexión genuina con el público y entender sus intereses y realidades.
La Falta de Entendimiento del Marketing Cultural.
La calidad de la propuesta cultural no es suficiente por sí sola. El público no apoya la cultura simplemente porque “es cultura”, sino porque pertenece a algo, porque es parte de su identidad, porque se siente orgulloso de ello. El marketing cultural debe ir más allá de la calidad artística y conectar a las personas con una tribu, con un ritual o con un movimiento.
La música lo entiende muy bien. En cambio, muchos proyectos culturales piensan que basta con tener calidad para atraer a la gente, pero olvidan que sin distribución, narrativa y producto no hay visibilidad. El marketing cultural debe involucrar estrategia, segmentación y distribución para que el proyecto pueda llegar a más personas y tener un verdadero impacto.
Finalmente, uno de los problemas más grandes es que República Dominicana no tiene una identidad cultural clara para exportar al mundo. ¿Qué tipo de cultura queremos mostrar al mundo? ¿Somos un país de merengueros? ¿De bachateros? ¿De urbanos? ¿De afroantillanos? ¿De béisbol? La falta de un branding nacional que represente a todo el colectivo y no solo al estado o a las elites deja a los proyectos culturales luchando sin un norte claro. Sin un enfoque unificado, cada proyecto está destinado a la fragmentación y a la irrelevancia.
Conclusión:
¿Por qué fracasan los proyectos culturales en República Dominicana? Los proyectos culturales en República Dominicana fracasan porque nacen desde la emoción, no desde la estrategia. Porque buscan “educar” sin antes “conectar”. Porque no entienden a su audiencia ni el contexto cultural del país. Porque no monetizan, no construyen comunidad, no dominan la comunicación y siguen trabajando con conceptos de cultura obsoletos para un país que ha cambiado rápidamente.
Es urgente que los gestores culturales en la República Dominicana se profesionalicen, que piensen en el largo plazo, que entiendan el poder de la comunicación estratégica y que trabajen en la creación de una identidad cultural unificada que permita a los proyectos culturales ser sostenibles y relevantes en el tiempo.
Por: Efrain Raimundo

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